Diario LA NACION

Opinión


Opinión

Guerra sin foco

Por Raúl Courel
Para LA NACION

Lunes 22 de octubre de 2001 | Publicado en edición impresa 

El ataque a las torres del World Trade Center es una muestra más de que la destructividad del hombre, esa "beligerancia infinita", no encuentra límites a la hora de inventar maneras de suprimir al contrincante. Más robustas son las murallas del fuerte, más sutiles se vuelven los disfraces para ingresar por la puerta de atrás. Un nuevo paradigma en la cultura de la guerra parece entrar en servicio a partir del 11 de septiembre. Veamos algunas novedades.

Una es que la acumulación de hombres y armas en un mismo espacio para librar batallas es sustituida por una fragmentación y una diversificación extremas de los lugares y modos de ataque y de defensa. Por ejemplo: es probable que Afganistán se defienda no mediante la lucha frontal sino al modo del hormiguero, multiplicando las pequeñas, aunque terriblemente dolorosas, "picaduras" sobre sus contrincantes. Otra es que el concepto de "arma" deja de identificarse con el de "proyectil".

De la pedrada callejera al fusil, de la ballesta a la ametralladora y a la bomba atómica, un arma siempre ha actuado sobre un espacio circunscripto, ya sea un mero ojo o toda una ciudad. El modelo es el del cirujano, que extirpa en la extensión necesaria el mal que quiere eliminar. Sin embargo, el bisturí, por más afinado y preciso que sea, no es eficaz para detener una invasión bacteriana. El mal de la nueva guerra no alcanza a representarse en la fotografía de un bombardeo, precisamente porque los nuevos "blancos" no tienen foco visible, y no se trata sólo de que el enemigo se esconde sustrayéndose a la mirada.

Las ideas no se matan

En La guerra de los mundos , H. G. Wells anticipaba la utilidad de las armas biológicas, mostrando a los marcianos poco sutiles en sus instrumentos de exterminio. El ántrax, lamentablemente, es sólo un paso en la serie de maneras potenciales de destruir que no recurren a proyectiles ni a nada que se les parezca. Se puede matar con radiactividad o con un tenedor, apretando la garganta o cortando el cable del ascensor, también con el hambre o la sed, incluso convenciendo de que es bueno suicidarse. El genio que el hombre pone al servicio de aniquilar a otros no es menor que su predisposición a encontrar enemigos, o a crearlos. Tendemos a pensar, además, que podemos ser los mejores en eso. Por eso en el film El día de la Independencia triunfamos sobre los extraterrestres gracias a nuestra sapiencia informática, curiosamente más avispada que la de los invasores. Pero el escenario de esta nueva guerra no sería la galaxia sino la propia casa y los enemigos no serían alienígenas sino bien humanos.

Allí no queda la cosa: sin duda nuestra inteligencia va más allá de la cibernética. El uso de la palabra "terrorismo" ha dejado atrás el de la expresión "guerrilla urbana", aludiendo tal vez a que el terror mismo es un arma. El mensaje del talibán asegura que las fuerzas "materiales" no son las más poderosas. Sarmiento escribía sobre piedra que las ideas no se matan. Habría que escuchar.

El autor es decano de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.